|
- Luis Gálvez: Mónica, no sería responsable contestar a la pregunta que me haces en tus correos, pero atiende a lo siguiente, piensa y compara:
"No crees que sería algo rarísimo y casi imposible que yo mañana al levantarme tuviera unos zapatos preciosos, que se adaptan perfectamente a mi pie, que mi pie se adapta perfectamente a ellos, que no me hacen daño, que yo no los desfiguro y estropeo al ponérmelos y que sin yo poner dinero ni buscarlos aparecieron junto a mi cama.
Más lógico es:
- que yo tenga ilusiones por tener unos zapatos,
- que cuando voy por la calle preste atención y me fije en los escaparates,
- que observe las características de aquellos zapatos que me gustan, si son de mi número, que no me hagan daño, que por su forma yo no los destroce o deforme rompiéndolos, etc.
- que sean duraderos, no para un tiempo tan corto que no merezca la pena,
- que se adapten y colaboren al proyecto de que se trate (andar, deportivos, descansar ...)
- que yo esté dispuesto a desprenderme de cosas mías, de mi dinero, para obtenerlos.
- que comprenda que se necesita un periodo inicial de adaptación entre pies y zapatos, donde me pueden hacer algo de daño en mis pies y yo a ellos en su forma.
- que después de todo este proceso, si lo consigo, sería tonto no disfrutarlos, cuidarlos, mimarlos, mantenerlos en el mejor estado posible...
¿sigo? ... y el ejemplo es de unos simples zapatos ... |